Cambalache


En la política no hay amigos, no hay más que cómplices. Rafael Barret







Que el mundo fue y será una porquería

ya lo sé...
(¡En el quinientos seis
y en el dos mil también!).
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
valores y dublé...
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos
en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseaos...



¡Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor!...
¡Ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador!
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!
No hay aplazaos
ni escalafón,
los inmorales
nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
¡da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón!...



¡Qué falta de respeto, qué atropello
a la razón!
¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y "La Mignón",
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín...
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remaches
ves llorar la Biblia
contra un calefón...



¡Siglo veinte, cambalache
problemático y febril!...
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil!
¡Dale nomás!
¡Dale que va!
¡Que allá en el horno
nos vamo a encontrar!
¡No pienses más,
sentate a un lao,
que a nadie importa
si naciste honrao!
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura
o está fuera de la ley...


Letra y musica de Enrique Santos Discepolo (1935)
Carlos Gardel

Sevilla sin sevillanos




Sorolla




¡Oh, maravilla,
Sevilla sin sevillanos,
la gran Sevilla!

Dadme una Sevilla vieja
donde se dormía el tiempo
con palacios con jardines,
bajo un azul de convento.

Salud, oh sonrisa clara
del sol en el limonero
de mi rincón de Sevilla,
¡oh alegre como un pandero,
luna redonda y beata
sobre el tapial de mi huerto!

Sevilla y su verde orilla,
sin toreros ni gitanos,
Sevilla sin sevillanos,
¡oh maravilla!

Antonio Machado

Dos españoles, tres opiniones










Si dices blanco yo digo negro,
si dices rojo yo digo azul
siempre diré lo contrario que tú

Dos no riñen si uno no quiere
pero yo lo haré hasta el fin,
diré que no si tu dices que si

Dos españoles, tres opiniones
No marques mi compás, amigo
si vas delante iré detrás,
antes que contigo

A mi me da igual blanco que tinto
con tal con tal de ser original
y siempre distinto

Dos españoles, tres opiniones

En este país hay mucha gente
cada cual cada cual opina diferente

cada cual con su ego para luego
luego al final todos borregos
Antón, Antón no pierdas tu son
cada cual cada cual con su kirie eleison

Vainica Doble


Salta la tapia






'Salta la tapia', una experiencia nueva y abierta en el psiquiátrico sevillano de Miraflores

El programa Salta la tapia pretende ser la síntesis de las nuevas experiencias y distintos métodos que se aplican en el hospital psiquiátrico de Miraflores, de Sevilla. Con irregular periodicidad, se ha conseguido que la sociedad se fije en el centro y considere de otra forma a ese tipo de enfermos. 

Era la consecuencia de una nueva visión de la asistencia psiquiátrica, surgida cuando ocupaba la dirección del centro el doctor González Chaves. Se trataba de eliminar paulatinamente la diferencia entre los de dentro y los de fuera, porque tras la puerta de Miraflores sólo hay una mínima parte de los enfermos mentales. El concepto de que la enfermedad mental es biológica fue dejando paso al convencimiento de que era biográfica. 

En esa etapa se duplicó el personal técnico, se iniciaron estudios epidemiológicos, se suprimió el tratamiento de electrochoque -que antes se aplicaba a uno de cada cinco enfermos-, se pusieron en marcha una biblioteca y un club social, se intentó evitar los ingresos y se abordó el estudio sectorizado, en el que un grupo se especializó en determinados sectores de la provincia.  

Una prueba de ello la constituye el éxito del Salta la tapia-84, en cuyos actos han participado más de 10.000 personas, que han perdido sus recelos a la hora de cruzar el umbral del psiquiátrico. Con exposiciones de los trabajos efectuados por el Taller de Terapia Ocupacional, verbenas populares, representaciones teatrales, capeas, festivales flamencos, el festival de música Electro-Rock y acontecimientos deportivos se ha cerrado otro intento de integrar en la sociedad a los enfermos mentales. 

Todo ello con la noche de coartada y ese brillo mutuo en la mirada que trata de esclarecer si el que está al lado es de fuera o de dentro. Los de dentro subieron al escenario. Primero, una espontánea, que cantó un lindo tema de su invención, anunció un milagro y amenazó con castigos divinos los excesos sexuales. Después, Mateo, un músico a quien los avatares de la vida condujeron a ese centro, pero que guarda el ritmo en algún lugar de su cerebro, y las cualidades, en su garganta.

¡¡¡ Viva Lole !!! 

Camaleón Bowie


Soy bueno en la parte rítmica, pero no conseguiría tocar la guitarra solo.  David Bowie
Que raro, qué extravagante y que despegado hay que ser para no perder la extrañeza. Qué viejo, que sabio y que singular para escribir tan joven The Rise and Fall of Ziggy Stardust. Y que Bowie y que elegante para vivir tan de veras. Y tan desparejado.  
Antonio Lucas





El músico



Los tres músicos - Picasso


Está cansado de que pasen por delante sin mirarlo siquiera, así que abre una maleta inmensa y guarda en ella la guitarra, la lona sobre la que se sentaba, el banquito, la farola, la acera, las papeleras, un buzón, un par de niños que jugaban cerca, un puestecito de helados, una tienda de reparaciones, un perro callejero y una peluquería de señoras. 
El otro hombre, que hace unos segundos se disponía a cruzar el semáforo con total tranquilidad, se encuentra de repente sumergido en una especie de niebla gris, con la mano a medio camino de una moneda en su bolsillo para la que, sospecha, ya es demasiado tarde.
María José Barrios 

Democracia sin partidos políticos






La herencia del Terror, por un lado, y la influencia del ejemplo inglés, por otro, instalaron a los partidos políticos en la vida pública europea. El hecho de que existan no es motivo suficiente para conservarlos.

El mal de los partidos políticos salta a la vista.... 
«Un buen árbol jamás dará malos frutos, ni un árbol podrido buenos frutos»

Los partidos son organismos públicos, oficialmente constituidos de manera que matan en las almas el sentido de la verdad y de la justicia.

Para valorar a los partidos políticos según el criterio de la verdad, de la justicia, del bien público, conviene comenzar discerniendo sus características esenciales. Se pueden enumerar tres:

  1. Un partido político es una máquina de fabricar pasión colectiva.
  2. Un partido político es una organización construida de tal modo que ejerce una presión colectiva sobre el pensamiento de cada uno de los seres humanos que son sus miembros.
  3. La primera finalidad y, en última instancia, la única finalidad de todo partido político es su propio crecimiento, y eso sin límite.

Debido a este triple carácter, todo partido político es totalitario en germen y en aspiración. Si de hecho no lo es, es solo porque los que lo rodean no lo son menos que él.

Los partidos hablan, cierto es, de educación de los que se les han acercado, simpatizantes, jóvenes, nuevos adherentes. Esa palabra es una mentira. Se trata de un adiestramiento para preparar la influencia mucho más severa que el partido ejerce sobre el pensamiento de sus miembros.

Desde el momento en que el crecimiento del partido constituye un criterio del bien, se sigue inevitablemente la existencia de una presión colectiva del partido sobre el pensamiento de los hombres. Esa presión se ejerce de hecho. Se muestra públicamente. Se confiesa, se proclama. Nos horrorizaría, de no ser porque la costumbre nos ha endurecido.

Si un hombre, miembro de un partido, está absolutamente decidido a ser fiel, en todos sus pensamientos, tan solo a la luz interior y a nada más, no puede dar a conocer esa resolución a su partido. Entonces se encuentra respecto del partido en estado de mentira.

Un hombre que se afilia a un partido seguramente ha percibido, en la acción y la propaganda de ese partido, cosas que le han parecido justas y buenas. Pero jamás ha estudiado la posición del partido respecto a todos los problemas de la vida pública. Al entrar en el partido, acepta posiciones que ignora. De esa manera somete su pensamiento a la autoridad del partido.

Pero de hecho, salvo raras excepciones, un hombre que entra en un partido adopta dócilmente la actitud de espíritu que expresará más tarde con estas palabras: «Como monárquico, como socialista, pienso que...». ¡Es tan cómodo! Porque no es pensar. No hay nada más cómodo que no pensar.

La supresión de los partidos sería un bien casi puro. Es eminentemente legítima en principio, y en la práctica solo parece susceptible de efectos buenos.

Es dudoso que se pueda remediar esta lepra que nos mata sin antes suprimir los partidos políticos.

Las soluciones no son fáciles de concebir. Pero es evidente, tras un examen atento, que cualquier solución implicaría en primer lugar la supresión de los partidos políticos.


Simone Weil



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