“El retrato robot de este rostro aún blanco del nuevo Poder le atribuye vagamente rasgos “modernos”, por la tolerancia y una ideología hedonista autosuficiente, pero también unos rasgos feroces y sustancialmente represivos. Es una tolerancia falsa, porque en realidad ningún hombre ha tenido que ser nunca tan normal y conformista como el consumidor; y en cuanto al hedonismo, oculta evidentemente una decisión de ordenarlo todo con una crueldad que la historia no ha conocido nunca.”
“La destrucción de valores actuales no implica una sustitución inmediata por otros valores con sus cosas buenas y malas, con una mejora del modo de vida unida a un progreso cultural real. Entre medias hay un momento de imponderabilidiad, y eso es precisamente lo que estamos viviendo, es ahí donde reside el grande, el trágico peligro. Pensad en lo que puede suponer en estas condiciones una recesión y sentiréis un escalofrío si hacéis una comparación -quizá arbitraria, quizá novelesca- con la Alemania de los años treinta.”
El mundo moderno será una síntesis entre el mundo de la burguesía occidental de hoy y el mundo de las poblaciones subdesarrolladas que se unen ahora a la historia. La racionalidad occidental será modificada por la presencia de otro tipo de visión del mundo que estos pueblos expresan.
La modernidad consiste en esta modificación. Es verdad que el hombre es siempre el mismo, pero también es verdad que cambia. Tanto más porque en este momento nos está amenazando una verdadera mutación antropológica. El verdadero apocalipsis es que la tecnología, la era de la ciencia aplicada, hará del hombre algo distinto de lo que era antes. Ha sucedido algo que no tiene equivalentes en la historia del hombre.