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Michelle






Cómo el "I love you" cambia una canción.

Michelle - The Beatles
Canción escrita por Paul McCartney y John Lennon.

John Lennon: "La compusimos los dos. Yo escribí los compases centrales con él".

John Lennon: "Él y yo estábamos por ahí y entró tarareando los primeros compases, con la letra, ya sabes, y dice: 'Y a partir de aquí, ¿qué?'. Yo había estado escuchando a Nina Simone: creo que era 'I Put A Spell On You'. Había un verso que decía: 'I love you, I love you, I love you'. Eso me hizo pensar en los ocho compases centrales para 'Michelle': 'I love you, I love you, I l-o-ove you'.

"... Mi aportación a las canciones de Paul era siempre añadir ese punto de melancolía. Si no, 'Michelle' se queda en una balada normal y corriente, ¿no?".

Michelle

Michelle, ma belle. 
These are words that go together well, 
My Michelle. 

Michelle, ma belle. 
Sont les mots qui vont tres bien ensemble, 
Tres bien ensemble. 

I love you, I love you, I love you. 
That's all I want to say. 
Until I find a way 
I will say the only words I know that 
You'll understand. 

I need you, I need you, I need you. 
I need to make you see, 
Oh, what you mean to me. 
Until I do I'm hoping you will 
Know what I mean. 

I love you. 

I want you, I want you, I want you. 
I think you know by now 
I'll get to you somehow. 
Until I do I'm telling you so 
You'll understand. 

I will say the only words I know that 
You'll understand, my Michelle.
Michelle

Michelle, ma belle. 
Estas son palabras que juntas suenan bien, 
mi Michelle. 

Michelle, ma belle. 
Sont les mots qui vont tres bien ensemble, 
tres bien ensemble. 

Te quiero, te quiero, te quiero. 
Es todo lo que quiero decir, 
hasta que encuentre una manera. 

Diré las únicas palabras que sé 
que tu vas a entender 

Michelle, ma belle. 
Estas son palabras que juntas suenan bien, 
mi Michelle. 

Michelle, ma belle. 
Sont les mots qui vont tres bien ensemble, 
tres bien ensemble. 

Te necesito, te necesito, te necesito. 
Necesito hacerte ver, 
oh, lo que significas para mi. 

Hasta que lo consiga, sigo esperando que tu 
sepas lo que quiero decir. 

Te quiero. 

Te quiero, te quiero, te quiero. 
Creo que ahora ya sabes, 
que llegaré a ti de alguna manera. 
Hasta que lo haga te lo estoy diciendo, 
para que tu lo entiendas. 

Y diré las únicas palabras que sé 
que tu entenderás, mi Michelle.

Rutina



Uno tiene en sus manos el color de su día... Rutina o Estallido - Benedetti

Le regaló un papelito en el que había escrito la 
palabra “rosa”, luego otro con la palabra “colgante”, y 
otro con “pendientes a juego”. Ella se acostumbró 
pronto a aquella fantasía compartida, a sus “cajas de 
bombones de marca cara” que no engordaban y a 
los “relojes de lujo” que no necesitaban pilas, y 
siempre esperaba con ilusión a que llegara la 
siguiente nota de papel. Su corazón dio un vuelco de 
emoción el día que recibió el “anillo de compromiso 
de oro y diamantes”. Pero cuando se fueron a vivir 
juntos, empezaron a tener dificultades y a descuidar 
los detalles. Comprendió que todo había terminado 
en su primer aniversario, cuando él le regaló una 
“bufanda de lana” en lugar de un “camisón de seda” 
porque no se lo podía permitir, porque era más 
práctico y porque la intención es lo que cuenta.

María José Barrios 

Dame tinto y dime tonto










Tú marquesa, yo mendigo
que los amores prohibidos
siempre fueron más mejor.

Los Don Juanes ordinarios 
saben de vocabulario
pero no del corazón.

No cabe en los diccionarios
cuando te beso en los labios
cuando me muero por vos
ni se escribe en los bestseller
con historias de quereres 
como esta tuya y mía
mientras que yo voy contando 
los lunares de tu mambo
pídeme otra manzanilla.

Anda enrróllate mi vida
tú me pagas la bebida
yo te doy el corazón,
luego méteme en tu cama
que si me faltan las ganas
me sobra imaginación,
y llévame a vivir contigo
a la sombra del dobladillo
de una loncha de jamón.




Pa aclararme un vino blanco
si me lo pides te canto 
por don Antonio Chacón

Pa aliviarte esas ojeras
con pena de petenera
niña de mi corazón.

Tú no te quedas soltera
mientras yo viva y beba
a la lima y el limón.

Mañana a la misma hora
no me faltes reina mora
que en tú ausencia me imagino
amargao de la vida
viendo amanecer los días
huérfano de tapa y vino.


Anda enrróllate mi vida
tú me pagas la bebida
yo te doy el corazón,
luego méteme en tu cama
que si me faltan las ganas
me sobra imaginación,
y llévame a vivir contigo
a la sombra del dobladillo
de una loncha de jamón.



Aviso


Estimados clientes, 
He salido un momento a pedir la mano de Rosaura, la hija del sastre. Llevo demasiado tiempo solo. 
Si acepta, huiremos juntos de la ciudad, nos casaremos en la primera iglesia que encontremos en el camino, y tendremos dos hijos. Al mayor lo llamaremos Anselmo, por mi abuelo. 
De lo contrario, volveré en cinco minutos. 
Disculpen las molestias. 
M. 
María José Barrios

Abre la puerta











Yo quise subir al cielo para ver 
y bajar hasta el infierno para comprender 
qué motivo es 
que nos impide ver 
dentro de tí 
dentro de tí 
dentro de mí. 

Abre la puerta niña 
que el día va a comenzar 
se marchan todos los sueños 
que pena da despertar. 
Por la mañana amanece 
la vida y una ilusión 
deseos que se retuercen 
muy dentro del corazón. 

Soñaba que te quería 
soñaba que era verdad 
que los luceros tenían 
misterio para soñar. 

Hay una fuente niña 
que la llaman del amor 
donde bailan los luceros 
y la luna con el sol. 

Abre la puerta niña 
y dale paso al amor
mira que destello tiene 
esa nube con el sol. 

Por la mañana amanece 
la vida y una ilusión 
deseos que se retuerce 
muy dentro del corazón. 

Hay una fuente niña 
que la llaman del amor 
donde bailan los luceros 
y la luna con el sol.

Triana

Un beso







Él deslizo los brazos alrededor de ella como si lo que estuviera haciendo estuviese fuera de discusión y pudiese tomarse el tiempo que quisiera. La besó en la boca. Era la primera vez, le pareció a ella, que participaba en un beso que fuese un acontecimiento en sí mismo. Todo el asunto en sí. Un prólogo tierno, una presión eficaz, un sondear y acoger sin reservas, un agradecimiento prolongado y un apartarse satisfechos. 
Alice Munro

Tu mirá













Tu mirá - Lole y Manuel




Y tu mirá
Se me clava en los ojos como una "espa" 
Se me clava en los ojos como una "espa" 
Se me clava en los ojos como una "espa" 
De amores llora una rosa 
De amores llora una rosa 
Y le sirve de pauelo 
Una blanca mariposa 

De tanto volar 
Sedienta de tanto vuelo 
En un charco de agua clara 
La alondra se bebe el cielo, ay, ay 

Aquella tarde de abril 
Te dije vente conmigo 
Y no quisiste venir 
Y no quisiste venir 
No te quisiste venir 

Y tu mirá se me clava en los ojos como una "espa" 
Se me clava en los ojos como una "espa" 
Se me clava en los ojos como una "espa" 
 

Y tu mirá se me clava en los ojos como una "espa" 
Y mi tren de alegria se va se va (se me clava en los ojos...) 
Y no tengo mas sueño que tu "mira" (se me clava en los ojos...) 

Y tu mirá se me clava en los ojos como una "espa" 
Grillo de mis tormentos, rosa troncha (se me clava en los ojos como una "espa") 
Cuando sueño tus ojos de "madruga" (se me clava en los ojos...) 
Yo no puedo apartarme de tu "mira" (se me clava en los ojos...) 

Y tu mirá se me clava en los ojos como una "espa" 
Se me clava en los ojos como una "espa" 
Se me clava en los ojos como una "espa" 

Y tu mirá se me clava en los ojos como una "espa"...

La pequeña muerte







  No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo mas alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo mas alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien no tiene nada de raro, porque nacer es una alegría que duele. 

Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.

Eduardo Galeano

La pasión amorosa






                                           Tú eras mi muerte:
                                          a ti te podía retener,
                         mientras todo se me escapaba
                                   
                                                     Paul Celan
                                                                                                                                        
                                                                                       


Esto es Venus para nosotros; 
de aquí viene el nombre del amor,
de aquí destiló primero en nuestro corazón 
aquella gota de dulzura de Venus
y vino después una fría inquietud.

Pues si está ausente lo que amas, 
sus imágenes, sin embargo, están presentes 
y su dulce nombre se aparece junto a tus oídos.

Mas conviene huir de esas imágenes y ahuyentar de
sí el alimento del amor, y dirigir el espíritu a otra parte 
y arrojar el humor acumulado sobre cualquier otro
cuerpo, sin reservarlo, atraído por el amor de una sola, 
conservando para sí una inquietud y una pena seguras.

La llaga, en efecto, se aviva y se fortalece al ser
alimentada y día a día crece el delirio y se hace más
pesada la aflicción, a no ser que disipes las primeras heridas 
con nuevos golpes y que las cures, aún frescas, 
vagando tras una Venus vagabunda
o bien puedes llevar a otra parte los movimientos de tu espíritu.

Mas no se priva del goce de Venus aquel que evita el
amor, sino que, antes bien, escoge las bondades que
no conllevan sufrimiento.  Pues ciertamente el placer de allí 
es más puro que para los enfermos de amor. 

En efecto, en el momento mismo de la posesión,
el ardor de los amantes fluctúa en vacilantes idas y
vueltas y no se sabe a ciencia cierta qué es lo primero
que ellos disfrutan con ojos y manos.

Lo que han tomado, lo aprietan estrechamente y 
causan dolor en el cuerpo, y a menudo clavan sus dientes
en los pequeños labios y estrellan sus bocas al besarse, 
porque su placer no es puro y hay aguijones secretos 
que los estimulan a hacer daño a eso mismo, sea lo que sea, 
de donde surgen aquellos gérmenes de frenesí.

Pero Venus quiebra ligeramente las penas en el amor
y un cariñoso placer, mezclado con aquellos, pone
freno a las mordeduras.

Pues en esto existe la esperanza de que, por obra del
mismo cuerpo donde se halla el origen del ardor,
también el fuego pueda extinguirse.

Pero la naturaleza se opone a que todo esto suceda de
la manera contraria; y ésta es la única cosa que, cuanto 
más tenemos de ella, tanto más se enardece el
corazón con el funesto deseo.

En efecto, el alimento y la bebida se asimilan al
interior de los miembros;
y ya que ellos pueden asentarse en partes determinadas, 
el deseo de agua y pan es fácilmente satisfecho.

Pero del rostro y la bella tez de un hombre nada es
dado al cuerpo para ser disfrutado, aparte de las tenues 
imágenes que su desdichada esperanza arrastra
hacia el viento.

Así como cuando en sueños el sediento busca beber y
no le es dado el líquido que puede apagar el ardor de
sus miembros, pero busca imágenes de agua y en vano 
se esfuerza y aun bebiendo en medio de un torrentoso río 
siente sed, así también en el amor.

Venus se burla de los amantes, por medio de las imágenes, 
y ellos no pueden saciar sus cuerpos, aunque contemplen 
el cuerpo amado frente a frente,
ni pueden con sus manos arrebatar algo de los tiernos
miembros al errar vacilantes por todo el cuerpo.

Al fin, cuando con los cuerpos unidos ellos disfrutan
de la flor de la edad, cuando ya el cuerpo presagia sus goces 
y Venus está a punto de sembrar los campos femeninos, 
ávidamente estrechan sus cuerpos y unen la saliva
de sus bocas y respiran profundamente apretando
los labios con sus dientes; pero todo es inútil, 
ya que no pueden arrebatar nada de allí 
ni tampoco penetrar o fundirse en un cuerpo 
con todo su cuerpo; pues a veces parecen querer 
y luchar por hacer eso: 
con tanta pasión se adhieren en las junturas de Venus,
hasta que los miembros se derriten abatidos por la
fuerza de su placer.

Por último, cuando el deseo reunido se expulsa fuera
de los nervios, se produce una pequeña pausa del
ardor violento por un instante.

Luego vuelve el mismo frenesí, retorna aquel delirio,
cuando ellos buscan encontrar qué es lo que desean
palpar junto a sí, pero no pueden encontrar el medio 
que venza ese mal: a tal punto vacilantes se consumen 
a causa de su secreta herida.


                   Lucrecio - De Rerum Natura (De la naturaleza de las cosas)

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