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El infierno de los vivos





Anselm Kiefer



El atlas del gran Khan contiene también los mapas de las tierras prometidas visitadas en el pensamiento pero todavía no descubiertas o fundadas; la nueva Atlántida, Utopía, la Ciudad del Sol, Océana, Tamoe, Armonía, Icaria.

Pregunta Kublai a Marco: tú que exploras en torno y ves los signos, sabrás decirme hacia cuál de estos futuros nos impulsan los vientos propicios.

Y Polo: Para estos puertos no sabría trazar la ruta en la carta ni fijar la fecha de llegada. A veces me basta un escorzo abierto en mitad mismo de un paisaje incongruente, un aflorar de luces en la niebla, el dialogo de dos transeúntes que se encuentran en medio del trajín, para pensar que partiendo de allí juntare pedazo a pedazo la ciudad perfecta, hecha de fragmentos mezclados con el resto, de instantes separados por intervalos, de señales que uno manda y no sabe quien las recibe. Si te digo que la ciudad a la cual tiende mi viaje es discontinua en el tiempo y en el espacio, ya mas rala, ya mas densa, no has de creer que se puede dejar de buscarla. Quizá mientras nosotros hablamos esta aflorando desparramada dentro de los confines de tu imperio. Puedo rastrearla, pero de la manera que te he dicho.

El gran Khan estaba hojeando ya en su atlas los mapas de las ciudades que amenazan en las pesadillas y en las maldiciones. Kublai dice: todo es inútil si el ultimo fondeadero no puede ser sino la ciudad infernal, y allí en el fondo es donde, en una espiral cada vez mas estrecha, nos sorbe la corriente.

Y Polo: el infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquél que existe  ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio.

Las ciudades invisibles - Italo Calvino

Fin del mundo



“La lechera” Johannes Vermeer



Mientras esa mujer del Rijksmuseum

con esa calma y concentración pintadas
siga vertiendo leche de la jarra al cuenco
no merecerá el Mundo
el fin del mundo.

Wislawa Szymborska

Ante el dolor de los demás


                                                               Susan Sontag


En la modernidad, ser espectador de las calamidades de otro país es una experiencia intrínseca, la miseria se exhibe constantemente. Las imágenes en general (TV, vídeo o películas) es nuestro entorno habitual, pero para recordar parece que la imagen fotográfica cala mas hondo ya que la memoria congela cuadros y su unidad fundamental es la imaginación individual porque la fotografía es como una cita o como un proverbio. Por supuesto, las imágenes más dramáticas son las que impulsan la empresa de la fotografía que es parte de una cultura donde la conmoción es el primer valor y estímulo de consumo. 

Desde que se inventa la cámara, la fotografía sigue a la muerte porque hacer fotografías cobró una inmediatez y autoridad mayor que cualquier relato verbal. La guerra civil española fue la primera cubierta en sentido moderno, la de EE UU y Vietnan fue la primera que atestiguaba día a día con cámara de vídeo y desde ahí las masacres han sido una rutina del incesante caudal de entretenimiento doméstico de la pequeña pantalla. 

Captar una muerte y embalsamarla para siempre es algo que solo pueden hacer las imágenes y así se ve la guerra cuando se mira a distancia: como imagen. Cada parte de la sociedad guardad su propia distancia o proximidad ante la guerra: víctimas, parientes afligidos o consumidores de noticias. La cámara aproxima al espectador demasiado y las fotos que destacan por su sufrimiento, dan una información innecesaria e indecente. Así que, durante la guerra de Vietnan, la fotografía bélica se convierte también en una crítica de guerra y a los medios no les interesa que la gente sienta náuseas, por lo que surge la censura y con ella muchos defensores de ésta.  

La función del arte es transformar, pero la fotografía que ofrece testimonio de lo calamitoso y represible es muy criticada si parece estética, si se parece demasiado al arte. Ni las fotografías de guerra han de ser bellas, ni los pies de foto dar lecciones de moral. 

La violencia se mira con desapego porque la gente se ha retraído ante una dieta de imágenes violentas que nos ha vuelto indiferentes debido a que hay un alto grado de violencia y sadismo admitido en la cultura de masas: películas, TV, vídeo juegos... Imágenes que hace cuarenta años nos habrían encogido, las observamos hoy día sin pestañear. La pasividad embota los sentimientos. 

Existen dos importantes ideas extendidas acerca del efecto de la fotografía. Una de ellas es que la atención pública está guiada por las atenciones de los medios y parece que solo cuando hay foto la guerra se vuelve real. La otra puede parecer contraria, pero en un mundo ultrasaturado de imágenes, las que mas deberían importar tienen un efecto cada vez menor porque nos hemos vuelto insensibles.


Susan Sontag - Ante el dolor de los demás


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