Telespañolito





ECOS DE SOCIEDAD

Nada como ver el careto en la televisión
de los que son alguien
para experimentar la alegría de no ser nadie.


La lluvia, fresca nodriza del invierno. 

Antonio Orihuela







Telespañolito - Joaquín Sabina


Tres veces te han negado los socialistas

solo gozan contigo los masoquistas.
Mi fiel amante, pobre televisor,
aunque nadie te cante, te canto yo.

Íñigo sin bigote, Balbín con gripe,
vaya ocasión perdió mi tronco Felipe
de contarle a Victoria sin acritud
la oscura historia del mercado común.

Telespañolito que ves la tele, te guarde Dios,
uno de los dos canales ha de helarte el corazón.

Arrecian desde Roma las reprimendas
en dirección a nuestras partes pudendas,
se olvidan de que el sexo no hace ilusión
más que si va seguido de excomunión.

Me siento como un mudo cantando a sordos,
ya lo dice Petete el de el libro gordo,
del LODE y catecismos mejor no hablar
si con la Iglesia no te quieres topar.

Telespañolito que ves la tele, te guarde Dios,
uno de los dos canales ha de helarte el corazón.

Opinan sobre drogas con todo el morro,
carrozas que en su vida olieron un porro,
listos que no encabezan la relación
de drogas duras con la televisión.

Chulean al país con lo de la OTAN,
se cabrean con Krahe por una jota,
hace huelga la pasma y un servidor 
soñando con fantasmas en palcolor.

Telespañolito que ves la tele, te guarde Dios,
uno de los dos canales ha de helarte el corazón.

Felices los normales



     Yo he preferido hablar de cosas imposibles
porque de lo posible se sabe demasiado.
Silvio Rodríguez



Felices los normales, esos seres extraños,
Los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente,
Una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida,
Los que no han sido calcinados por un amor devorante,
Los que vivieron los diecisiete rostros de la sonrisa y un poco más,
Los llenos de zapatos, los arcángeles con sombreros,
Los satisfechos, los gordos, los lindos,
Los rintintín y sus secuaces, los que cómo no, por aquí,
Los que ganan, los que son queridos hasta la empuñadura,
Los flautistas acompañados por ratones,
Los vendedores y sus compradores,
Los caballeros ligeramente sobrehumanos,
Los hombres vestidos de truenos y las mujeres de relámpagos,
Los delicados, los sensatos, los finos,
Los amables, los dulces, los comestibles y los bebestibles.
Felices las aves, el estiércol, las piedras.

Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños,
Las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan
Y nos construyen, los más locos que sus madres, los más borrachos
Que sus padres y más delincuentes que sus hijos
Y más devorados por amores calcinantes.
Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.


Roberto Fernández Retamar

Los justos






Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.

El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.


Jorge Luis Borges 


Alegría



           En la tristeza estamos perdidos, por eso los poderes tienen la necesidad 
de que los sujetos sean tristes. Gilles Deleuze




ALEGRÍAS DE CÁDIZ
Chano Lobato


Tirititran tran tran tran...

tirititran tran tran tran...

tirititran tran tran tran...

tirititran tran tran ...

........

Historia del tirititran


El origen del tirititran al inicio del cante por alegrías.

Chano Lobato (descanse en paz; Arte, Talento y Simpatía) cuenta que el cantaor gaditano Ignacio Espeleta (1871 – 1938) tenía que cantar en una ocasión para las bailaoras La Macarrona y La Malena y no se acordaba de la letra, ya que estaba “bien puesto”, por lo que improvisó ese tirititran al cante por alegrías que, al parecer, desde entonces se ha convertido en introducción, salida o temple a ese tipo de palos flamencos.










DEFENSA DE LA ALEGRÍA
Mario Benedetti


Defender la alegría como una trinchera 

defenderla del escándalo y la rutina 

de la miseria y los miserables 

de las ausencias transitorias 

y las definitivas 

defender la alegría como un principio 
defenderla del pasmo y las pesadillas 
de los neutrales y de los neutrones 
de las dulces infamias 
y los graves diagnósticos 

defender la alegría como una bandera 
defenderla del rayo y la melancolía 
de los ingenuos y de los canallas 
de la retórica y los paros cardiacos 
de las endemias y las academias 

defender la alegría como un destino 
defenderla del fuego y de los bomberos 
de los suicidas y los homicidas 
de las vacaciones y del agobio 
de la obligación de estar alegres 

defender la alegría como una certeza 
defenderla del óxido y la roña 
de la famosa pátina del tiempo 
del relente y del oportunismo 
de los proxenetas de la risa 

defender la alegría como un derecho 
defenderla de dios y del invierno 
de las mayúsculas y de la muerte 
de los apellidos y las lástimas 
del azar 
y también de la alegría.

Creación y Resistencia





Un creador es un ser que trabaja por gusto.
                                                       Gilles Deleuze


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Los buenos libros




Los buenos libros son buenos libros y sirven para señalar los vicios, las virtudes y los defectos humanos. Pero no para cambiarlos. No importa. Con ellos o sin ellos hemos ido alcanzando otros progresos: los pobres son ahora más pobres, los ricos más inteligentes y los policías más numerosos.

Augusto Monterroso

La Patria y la Escuela






El empeño de que los chiquillos adquieran sentimientos patrióticos en la escuela es tan bien intencionado como inútil.

Un profesor, por muchos himnos que haga entonar a sus alumnos, no les inculcará el amor a la patria; no existen procedimientos pedagógicos para eso, como no los hay para inculcar el amor a la familia. Las síntesis sentimentales no surgen en nosotros a fuerza de razonar, sino a fuerza de vivir. El amor a la familia nace del ambiente del hogar; el amor a la patria nace del ambiente colectivo; y el más sublime de los amores, el amor a la humanidad, nace del ambiente elevado que flota por encima de los siglos y de las fronteras.

Examine cada uno su remota niñez, busque lo que era para él entonces la idea de patria, y encontrará algo grotesco, cuando no el vacío. Es lo que ocurre con las ideas religiosas. Si poco a poco es retirado de la enseñanza lo que se refiere a los cultos, acabaremos por eliminar también de ella el culto patriótico. En la escuela no se debe adorar sino comprender. Pero la verdad no tiene patria. No hay una manera patriótica de hacer multiplicaciones, de preparar el oxígeno ni de construir un muro, y si hay una geografía y una historia patriótica, es porque son falsas.

El niño no puede retener del patriotismo lo bueno, es decir, lo piadoso y justo, lo altruista de la fórmula. Retiene lo malo, lo pintoresco, la hostilidad estúpida a cuanto está del otro lado de un río o de un poste; la ferocidad militar, los héroes despreciables que ensangrentaron el mundo; no retiene del patriotismo su entraña de amor, sino su entraña de odio.

Y a más la mentira, la convicción de que su país es el más perfecto de todos. Protestamos contra esos manuales de historia, cándidas mitologías a base de milagro patriótico. Que el hombre sepa cuándo le falta razón a su patria, para defender las patrias que la tienen, y evitar agresiones internacionales que son la vergüenza de nuestro tiempo. Que sepa que no es el fanatismo quien engrandece las patrias modernas, sino el trabajo, y que no hablan a cada momento de la patria los que la engendran, sino los que la explotan.

Marchamos rápidamente a nuevas instituciones sociales, de carácter cosmopolita. Observamos ya que los problemas humanos más hondos han cambiado de índole. En vez de interesar a las nacionalidades o a las razas, interesan al conjunto de nuestra especie. Recordad cuántos prejuicios, cuántas sandeces, cuántos errores, inoculados por medio de la escuela, tuvimos que destruir en nosotros, para volvernos aptos a la lucha contemporánea. Seamos siempre menos dogmáticos con nuestros hijos; dejemos abierto su espíritu a las posibilidades que no somos capaces de comprender; no atemos las almas que vienen a la tierra; ¡desatémoslas! No nos interpongamos entre ellas y el divino futuro.

Rafael Barret 

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